Bancos de semillas: preservando la biodiversidad vegetal del planeta -2ª Parte-
* Continuación del artículo cuya primera parte podéis leer aquí:
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Así que, ahora que sabemos que un banco de semillas necesita una serie de condiciones ideales de conservación, como muy bajas temperaturas y humedad relativa, así como una serie de acumulaciones de conocimientos sobre botánica, geografía y clima, o genética, además de un saber hacer agronómico o de cultivo para el mantenimiento constante de especies vivas vegetales, entenderemos cómo se trata de una actividad humana muy especializada, que ha evolucionado desde las rudimentarias técnicas de cultivo hasta la posibilidad de almacenar semillas con seguridad durante generaciones o incluso llevarlas fuera de nuestro planeta y cultivarlas en una estación espacial orbital, a la espera de, quien sabe, llevarlas tal vez algún día a otros planetas de nuestro sistema solar. ¿Qué pensaría uno de nuestros antepasados, cultivador de cereales neolítico, o un campesino medieval al escuchar todo esto? No estamos locos, sólo que aun no somos siquiera conscientes del salto evolutivo que hemos dado al empezar a controlar de manera rudimentaria la genética, y por tanto las claves más profundas de la vida en la tierra.
Una lucha abierta
La historia de los bancos de semillas que hemos recorrido de la mano de Dinafem nos pone frente a la situación de la biodiversidad vegetal hoy en día:
mientras la situación legal de ciertas plantas y sustancias sigue siendo caótica en buena parte del mundo, cada vez aparece más claro un nuevo conflicto, que es el del choque entre el interés público – la conservación del medio ambiente y su uso libre- y enfrente, el interés privado: desde hace años diversas multinacionales han desembarcado en el mundo de la genética vegetal esperando maximizar sus beneficios patentando especies vegetales, que dejarían de ser un bien común para pasar a su lista de bienes farmacéuticos o alimentarios privados. Como ejemplo significativo, una de las multinacionales que ha entrado billetera en mano al asalto de la biodiversidad global (y que ostenta multitud de patentes de cultivos transgénicos) ha sido la norteamericana Monsanto, que tan solo en el periodo 1995-98 gastó más de 8.000 millones de dólares en la adquisición de pequeños y medianos bancos de semillas de todo el mundo.
Sin ir más lejos, hace poco salía a la luz pública el espectacular proyecto de la Bóveda Global de Semillas de Svalbard (originalmente del inglés: Svalbard Global Seed Vault). Un proyecto calificado por muchos como “apocalíptico”, y que consiste en un inmenso depósito aislado del exterior y construido a 130 metros bajo la isla de Spitsbergen, en el archipiélago de las Svalbard, territorio noruego en pleno océano ártico.
Inaugurada a comienzos del 2008, esta instalación está preparada para sobrevivir al peor de los escenarios imaginables y alberga una de las mayores reservas genéticas de la humanidad en forma de semillas. Paradójicamente, el proyecto ha sido financiado por alguno de los nombres que está detrás del siniestro intento de asalto privado a la biodiversidad vegetal del planeta, como Monsanto, DuPont, o la Fundación Rockefeller, proviniendo la mayor aportación individual de la fundación de Bill Gates y su mujer.
Este es el escenario que tenemos para pensar en qué nos deparará el futuro de los bancos de semillas, de la conservación de la biodiversidad vegetal en general y del cannabis en particular… algo imposible de asegurar en un mundo tan abierto y cambiante como el que vivimos.
Mientras tanto, crece el Tsunami del aumento de precios globales del arroz, trigo, etc., cientos de millones de personas quedan amenazadas de muerte por el fantasma del hambre que ha despertado la especulación global con el alimento básico de la mayoría de la humanidad Las megacorporaciones se ultraenriquecen vendiendo sus semillas transgénicas con tecnología “terminator”: una tecnología de modificación genética de las semillas desarrollada por Monsanto para evitar que la planta se reproduzca, obligando al cultivador a recomprar siempre las semillas sí o sí al oligopolio sin poder estabilizar y adaptar sus variedades favoritas de manera independiente.
Todo esto nos da la idea de a donde quieren algunos dirigir nuestro futuro, que por otra parte, y hasta que no demuestren lo contrario, sigue en nuestras manos.
Dinafem
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